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Xiscote

Lunes, 24 Noviembre 2014 23:46

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.3

 

 

Capítulo 3 – "Los herederos proscritos"

 

 

 

Al llegar el amanecer del día siguiente proseguimos nuestra investigación por todas las vías posibles que se nos ocurrieron. Visitamos todos los templos de la ciudad, preguntamos en los gremios y a todo personaje interesante con el que nos topamos.

 

 

 

Nuestros resultados fueron pobres y nuestra paciencia se agotaba después de rebuscar horas y horas entre los libros de los templos. El pobre Axel, recién recuperado de las heridas mortales del demonio, no daba para más. No suficiente con eso, la gente le observaba con gran desconcierto e incluso un mendigo le detuvo para advertirle de extrañas profecías y predicaciones que creímos sin sentido.

 

 

 

Nuestros bolsillos no se podían permitir gastar más oro en alquilar librerías particulares así que no nos quedó más remedio que seguir nuestra búsqueda en las calles. Terminamos por conocer a uno de los magnates más importantes de Bögenhafen, el señor Franz Steinhäger, dueño de una de las casas mercantes más ricas de todo el lugar, gracias a un pañuelo suyo que hallamos en nuestro desventurado paseo por las cloacas.

 

 

 

Como ya no sabíamos ni por donde buscar, Eligioff cerró un contrato de trabajo con Steinhäger. Claro es que nuestra intención no era la de cargar cajas sino investigar cualquier indicio sospechoso que nos permitiera recopilar cuantas más pistas mejor. Mientras que nosotros estábamos más perdidos que un hijo de enana el día de la madre, la luna del caos Morrislév se acercaba cada vez más a nosotros y ello era un claro indicio de que algo nefasto estaba a punto de ocurrir.

 

 

 

Fue casi por serendipia cuando caímos en la cuenta de que no sólo los Steinhäger podrían estar involucrados en esta trama maquiavélica. De las tres casas de mercaderes restantes, dos nos llamaron especialmente la atención: Los Teugen y los Ruggbroder. Nuestras sospechas se confirmaron cuando el líder de los Teugen, Johannes, nos recibió completamente a oscuras y presentando un aspecto de lo más aterrador.

 

 

 

Animados por este hallazgo acompañé de vuelta a Axel a las bibliotecas mientras el resto continuaba con la búsqueda por su cuenta. Para cuando nos reunimos ya habíamos bastante en claro, aunque todavía había muchas cosas que se nos escapaban y otras tantas que por siempre nos serían desconocidas.

 

 

 

La familia de los Teugen antaño había sido liderada por Karl, aunque con menos suerte en las finanzas que ahora. Casualmente, la llegada de Johannes y su ayudante Gideon coincidieron con la muerte de Karl y el aumento del status económico de la casa. Además, Johannes Teugen y Franz Steinhäger mantenían una estrecha amistad, lo que nos hacía sospechar más aún.

 

 

 

Por su lado, los adinerados Ruggbroder nos ofrecieron un aspecto mucho más sano que los otros dos, aunque personalmente yo no llegué a conocerles... A diferencia de los listos de Eligioff y Markus, que cada vez tenían los bolsillos más pesados y evitaban a toda costa explicarnos el por qué.

 

 

 

Los últimos coletazos de nuestra investigación acabaron en la fosa séptica de los Steinhäger, cuando cumplíamos con el contrato de trabajo que habíamos pactado con Franz. Como ya estábamos de pocilga hasta arriba, Fenex y yo acudimos juntos a "La fosa", el barrio pobre de la ciudad, un lugar que detestaba pero que había tenido la corazonada de visitar desde el primer momento.

 

 

 

Me hubiese perdido ahí de no ser porque Fenex conocía bien el lenguaje de la chusma y la calaña de ese tipo. Mi objetivo era encontrar al mendigo que había detenido a Axel al principio de nuestra jornada, cosa que él consiguió averiguar en un momento.

 

 

 

Acudimos raudos al lugar, pero nadie nos contestó. Observé bien la "casa", si es que así podía llamarse, y no vi nada excepto un bulto tirado en el suelo. Temiendo lo peor, hicimos uso de la fuerza para tirar la puerta abajo y entramos en aquél condenado hogar de pulgas, cucarachas y demás insectos.

 

 

 

Lo único que quedaba del mendigo era un cadáver con un medallón de la casa Teugen, perteneciente a un tal Wolfgan. Rápidamente lo relacioné con que no era el primero de los Teugen en morir: Karl ya había sufrido la misma suerte y ello sólo podía deberse a un motivo: Johannes.

 

 

 

Satisfechos con esto dimos por acabada nuestra búsqueda, por lo menos por aquel día. A la mañana siguiente teníamos la intención de zanjar el misterio definitivamente, ya que Morrislév no parecía estar dispuesta a esperar más, ahora mostrando un diabólica sonrisa de oreja a oreja.

 

 

 

Pero esa mañana fueron las pistas quienes vinieron a nosotros. El Consejero del gremio de mercaderes Magirius, que ya nos encontramos el día anterior y que se negó a cooperar con nosotros, ahora acudía a pedirnos nuestra ayuda. Un oscuro ritual se iba a organizar esa noche y cuando se enteró de que involucraba el sacrificio de una vírgen creyó que las cosas habían llegado demasiado lejos.

 

 

 

Esa información nos llevaba directo a donde queríamos, siempre y cuando Magirius fuera capaz de averiguar el lugar donde pensaban realizar el ritual. Pero ninguno de nosotros tenía la esperanza de que el hombre fuera a vivir tanto tiempo. Y en efecto, cuando fuímos a verle no encontramos más que su cadáver y para colmo su mayordomo pretendía echarnos la culpa a nosotros.

 

 

 

Huímos a toda prisa mientras el desgraciado mayordomo se hacía pasar por todos nosotros, paseándose y cometiendo delitos por toda la ciudad. En realidad se trataba de Gideon haciendo uso de su magia de ilusión para quitarnos de enmedio. Pero la amabilidad de los Ruggbroder nos salvó. Nos refugiamos y nos equipamos en su casa, y cuando recuperamos el aliento volvimos a la casa de Magirius.

 

 

 

Una vez más Fenex se jugó el tipo haciendo uso de sus habilidades de sigilo. Temíamos que su suerte le abandonara pero no nos quedaba tiempo. El heroico Magirius nos dejó una valiosa indicación con lo único que tenía a mano: su sangre. Con ella, perfiló las letras "A L M C N 13" en su mesa.

 

 

 

Dudábamos de si el trece era un trece o un diecisiete, pero eso nos importó bien poco. Nada más llegamos al número trece dimos con el trece encontramos los símbolos del ritual y todos los demás preparativos listos. Acabamos con los dos únicos guardias que pudieron habernos descubierto y luego todos los miembros del grupo nos miramos. Enseguida supimos lo que teníamos que hacer.

 

 

 

La sutileza nunca había sido nuestro fuerte. En vez de descolocar algún símbolo o desbaratar el ritual... ¡Optamos por quemar la casa entera! Al estar hecha de madera, la tentación era tan grande que no pudimos resistir. Como colofón, lo hicimos a escondidas y cuando todos los miembros del Ordo Septenarius, supuesta organización benéfica y partícipe del ritual, estaban presentes. Todos... Menos la vírgen.

 

 

 

Gideon surgió de entre las llamas, furioso e iracundo, pero nuestras flechas ya le estaban esperando. Por un momento sentí lástima de él, concretamente cuando le dejamos la cabeza como un colador. Axel le propinó el disparo de gracia en el brazo derecho y Markus terminó de rematarlo mientras los gritos de desesperación de los ritualistas se ahogaban en el fuego.

 

 

 

La amenaza había sido neutralizada aunque por desgracia destruímos todas las pruebas que concerínan el ritual y la reputación de nuestros nombres ya se había manchado irreparablemente. Sin tener tiempo para despedirnos de nadie corrimos hacia la barca de Josef.

 

 

 

Creo que esa fue la única vez que no le vi borracho. Todos estábamos pálidos como fantasmas, pero por otro lado aliviados al contemplar que Morrislév ya había borrado su sonrisa y se estaba alejando de nosotros. Nuestro futuro era más incierto que nunca, pero a la vez que se nos cerraba una puerta siempre se nos abría otra.

 

 

 

Suspiré y me acomodé de nuevo entre los humanos a los que había acompañado en esta locura. Los hombres nunca me habían llegado a aceptar del todo pero de algún modo nuestra amistad ya se había hecho inquebrantable. Si tuviese que volver atrás no cambiaría nada de lo que hicimos. Pero mi mente no estaba pensando en el pasado en esos momentos. Estaba fija en un futuro mucho más prometedor.

 

 

 

¿Quién sabe a dónde iriamos a parar ahora? La suerte nos había demostrado ser caprichosa y quizás, después de habernos tratado tan mal durante tantos días, nos tenía reservada una mansión especial a la vuelta de la esquina...

 

 

 

Gracias a todos los que hicieron posible una partida tan emocionante y divertida, especialmente al único que no sale nombrado en esta historia y que más trabajo hizo de todos, Carles.

 

Aenvar.

 

 

 

 

Vivida y contada por Aenvar

Lunes, 24 Noviembre 2014 23:45

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.2

 

Capítulo 2 – "El día de los cazadores"

 

 

 

El viaje en balsa transcurría con una amable y apreciada tranquilidad. Todavía faltaba un buen trecho hasta llegar a Bögenhafen y antes debiamos hacer una parada en Weissbruck. Desconocía el lugar, pero por lo que me contaron no parecía ser nada del otro mundo. Otro pueblucho más que no alcanzaba los tres millares de habitantes, con sus posadas y sus habituales broncas nocturnas.

 

 

 

Pero otra vez volvía a estar equivocado. Nada más llegamos divisamos a un corpulento hombre que ya creíamos haber visto anteriormente. Lo que más nos llamó la atención fue la ballesta que portaba a sus espaldas. Rápidamente recordamos a las víctimas de los virotes que Fenex presenció en primera persona y no tardamos en atar cabos. Por lo que nos reunimos y trazamos un plan para darle caza, antes que él nos cazara a nosotros.

 

 

 

Nuestra estrategia involucró supuso al grupo en dos. Markus, Axel y Eligioff irían delante mientras que Fenex y yo vigilaríamos la retaguarida, escondidos en las sombras. Estábamos seguros de que aquel misterioso personaje estaría esperando la oportunidad perfecta para saltarnos encima; oportunidad que nosotros le presentaríamos disfrazada bajo una emboscada que no se esperaría nunca.

 

 

 

El plan era tan meticuloso que incluso Axel nos había dibujado los caminos y los callejones como si él mismo los hubiera creado. Todo era perfecto. Pero lamentablemente, nunca llegó a ejecutarse. Nuestros tres compañeros se pasearon por toda la ciudad y visitaron cada una de sus tabernas, mientras nosotros quedamos con nuestros arcos tensados esperando a una señal que jamás llegamos a recibir.

 

 

 

Decepcionados, dimos media vuelta y volvimos hacia la balsa de Josef, el amigo de Markus, que se encontraba más borracho que todo nuestro grupo junto. Pasamos allí la noche, sin ganas de gastar más dinero en Weissbruck. Pronto descubririamos que nuestro acechador, cuyo nombre era Adolfus, se nos había vuelto a adelantar.

 

 

 

Seguramente aprovechando la borrachera de Josef se infiltró en nuestra nave acompañado por dos de sus secuaces. Para cuando los descubrimos, nuestro grupo se encontraba esparcido y vulnerable. Nos sorprendieron y por un momento creí que todo estaba perdido. Pero no nos íbamos a dejar ganar tan fácilmente. Markus hizo gala de una heroica resistencia, que Eligioff y Axel aprovecharon para contratacar a la vez que Fenex y yo utilizábamos nuestras armas a distancia para abatir a lo que quedaba de la amenaza.

 

 

 

El incidente nos reveló numerosos detalles que hasta el momento no conocíamos, pero que más de uno nos esperábamos. Adolfus había sido contratado para acabar con la vida de Kastor Lieberung, a quien Axel estaba suplantando la identidad y el rango de "Magister Impedimentae" dentro de una organización secreta de la que no sabíamos nada. Las únicas pistas de las que disponíamos eran las iniciales "SS" y "QF", que hasta ahora también nos eran completamente desconocidas.

 

 

 

Sin detenernos a proporcionarles un entierro digno a los asesinos arrojamos sus cadáveres por la borda, no sin antes "hacerles una cara nueva" como hicimos con el señor Kastor, una marca que ya parecía haber adoptado nuestra compañía como tradición. Esto me preocupó: Si alguien deseaba seguirnos la pista lo único que tenía que hacer era seguir el rastro de muertos con el rostro desfigurado. Pero por otro lado, confié en que tal muestra de brutalidad intimidaría a cualquier insensato que osara interponerse en nuestro camino.

 

 

 

Pasado ya el mal trago, continuamos nuestro viaje y por fin arribamos a Bögenhafen. El grupo buscó ansioso la notaría a donde debíamos acudir a recibir la tan esperada herencia, en la calle "Garten Weg". Lo que más nos extrañaba era que por más que preguntábamos a los ciudadanos, nadie sabía la localización de la calle. Sólo se ocupaban de las festividades que estaban teniendo lugar.

 

 

 

Preguntamos por todas partes, hasta que por fin dimos con la imprenta "Schultz y Friedman", desde donde supuestamente se había emitido el justificante de la herencia. Pero para nuestra sorpresa, todo había sido un fraude. No había mansión, ni oro, ni ninguna de las promesas que se nos habían hecho.

 

 

 

Habíamos caído en una trampa que se había tejido para cazar a un noble, pero en su lugar caímos nosotros, que nada teníamos que ver con su asunto. ¡Bien empleado nos estaba, y más nos merecíamos como castigo por nuestras mentiras y nuestra codicia! Pero ya que habíamos llegado hasta aquí, pretendíamos llegar hasta el fondo del asunto, ya fuese por redimir nuestras malas acciones o por resignarnos a creer que, en efecto, nos habíamos quedado sin una corona de oro.

 

 

 

Preguntamos a la gente de la calle e incluso en los templos, intentando reunir algo de información que nos pudiera proporcionar alguna pista en nuestra búsqueda, pero no hallamos nada de interés. Así que acabamos paseándonos por las festividades, donde dimos con una mercader que nos ofreció una gran variedad de hierbas con propiedades curativas.

 

 

 

Adquirimos todas la que pudimos y proseguimos nuestra visita. Topamos con un grupo de miserables que subastaban a un pobre cordero, tan delgado que parecía no haber comido en días. Nadie hubiera dado una corona por él, de no ser por la hábil intervención de uno de ellos, quien apuntó escandalizado hacia mi axila como si un agujero dimensional se estuviera formando bajo ella. Levanté mi brazo para verificar de qué se trataba, lo que el subastador interpretó como una puja por mi parte, ganándome al cordero sin competencia alguna.

 

 

 

Primero pensé en el ridículo que había hecho, pero rápidamente me encontré a gusto con el cordero a quien adopté como mascota bajo el nombre de "Mac", y que desde entonces nos siguió a todas partes proporcionándonos una curiosa pero siempre amable compañía, pese a las incontenibles risas del resto del grupo.

 

 

 

Caminamos hasta dar con un desagradable circo donde exponían monstruos de toda clase, encerrados para el entretenimiento del público. El más espeluznante de todos, un goblin de tres patas, era el que más atención atraía. Cuando nadie se lo esperaba, el muy hábil intentó escabullirse, pero lo atrapamos y lo entregamos al feriante. No sabría decir quien de los dos me repugnaba más.

 

 

 

El hombre nos lo agradecidó entregándonos un pase especial gratuito para su actuación, y lo aceptamos con la mera intención de averiguar algo que nos diera más pistas sobre la organización secreta a la que Axel supuestamente pertenecía. El espectáculo era horrendo y en principio no encontramos nada que pudiera sernos de utilidad, pero guiados por el destino una cosa terminó por llevarnos a la otra.

 

 

 

El goblin volvió a darse a la fuga y esta vez consiguió escabullirse al interior de las cloacas. El desesperado hombre había perdido su principal atracción, y el propio juez de la ciudad, llamado Richter, tampoco estaba interesado en tener un monstruo mutante deambulando por el alcantarillado de su jurisdicción.

 

 

 

Así fue como, tras firmar un jugoso contrato de recompensa, comenzó una asquerosa pero emocionante aventura en las cloacas de la ciudad. Mi cordero Mac fue llevado a la taberna por el juez y descendimos la cuerda que nos llevaba al subsuelo.

 

 

 

Aprovechando mi experiencia como montaraz encabecé la marcha del grupo, tratando de descubrir la dirección que había tomado el goblín basándome en un reciente rastro de sangre verde. Avistamos unos extraños hongos que todos prefirimos evitar, pues su apariencia nos resultaba bastante intimidante. Pero el verdadero peligro todavía estaba por llegar.

 

 

 

Un pulpo monstruoso dotado de enormes tentáculos se ocultaba bajo el agua, y después de devorar a una desdichada rata decidió que nosotros eramos su próximo plato. Clavé una flecha tras otra en la bestia hasta que perdí la cuenta, mientras ella se dedicaba a constreñir al pobre Markus, que había sido hecho presa junto con Eligioff.

 

 

 

Todos los demás nos dedicamos a presionar sin descanso hasta que por fin conseguimos acabar con su vida. Ese condenado Richter no nos había avisado de esto, por lo que le cortamos uno de los tentáculos para llevarlo como prueba de vuelta a la superficie. Como era difícil distinguir la cara del monstruo, ninguno le propinó el mazazo de gracia. Tampoco es que nos apeteciera de sobremanera aproximarnos a sus fauces. En estos casos es mejor no tentar a la suerte.

 

 

 

Seguí tanteando el rastro del goblin, cada vez menos esperanzado, hasta que chocamos con una puerta cerrada. La puerta presentaba una resistencia extraordinaria para hallarse en un lugar como este. Además, desde el otro lado podíamos prever humo y una extraña presencia en su interior. Así que entramos en ella inquisitivamente, pese a no tener ni llave ni invitación, gracias a que Axel hizo gala por primera vez de sus aptitudes mágicas.

 

 

 

Habíamos caído nada más ni nada menos que en la morada de un demonio, adornada con símbolos que parecían corresponderse con los de un maléfico ritual. El ser se materializó ante nosotros y tratamos de interrogarlo por las buenas, conteniendo nuestro miedo y nuestras ganas de salir de ahí gritando auxilio.

 

 

 

Negándose a responder a nuestras preguntas, atacó furiosamente a Axel, que fue cogido por sorpesa y recibió el impacto de lleno. Ninguno de nosotros se explica como pudo sobrevivir a ese golpe que lo impulsó con tanta fuerza que le hizo chocar con la pared de la habitación. Pero lo cierto es que todavía vivía, eso sí, inconsciente e incapaz de articular palabra.

 

 

 

Esto incineró la ira del resto del grupo, especialmente la de Markus quien hasta ahora se había mantenido al margen del combate debido a las heridas recibidas contra el anterior monstruo. Se abalanzó sobre el demonio y acertó un par de mazazos críticos que cambiaron el curso de la batalla. Sumados a nuestra lluvia de flechas y al ataque del resto de miembros del grupo, el demonio fue derrotado.

 

 

 

Quisimos dejarle al demonio la marca de nuestra compañía, pero el condenado se desvaneció en una nube de polvo antes de recibir el tradicional mazazo de Eligioff. Por hoy ya había sido suficiente. Despojamos todos los objetos de valor que contenía la sala, excepto un cofre que se nos resistió a todos y que incluso rompió nuestra venerada maza sangrienta, como si estuviera burlándose de nosotros.

 

 

 

Pero no le dimos importancia a este hecho, nuestras fuerzas flaqueaban y Axel necesitaba asistencia médica de inmediato. Volvimos a la superficie, ya caída la noche. El juzgado estaba cerrado y no teníamos más que hacer una vez dejamos a Axel en buenas manos. Así que volvimos de nuevo con nuestro viejo camarada Josef, que se encontraba borracho como de costumbre.

 

 

 

La bebida nos hubiera venido bien para olvidar todo lo ocurrido, pero el mejor remedio fue el empujón que Markus proporcionó a Josef, que también arrastró a Eligioff y que terminó zambullendo a ambos en el mar. Fenex y yo les rescatamos con nuestras últimas fuerzas y, sonriendo por la graciosa ocurrencia de Markus, nos fuimos a dormir dejando para el siguiente día la persecución del "Magister Impedimentae" y su diabólico culto secreto.

 

 

Vivida y contada por Aenvar

 

 

 

 

Lunes, 24 Noviembre 2014 23:43

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.1

 

Capítulo 1 – "La Marcha"

 

 

 

En un principio, todo parecía ser otro día más en mi larga y monótona vida. Todo transcurría con normalidad, el sol seguía su curso, las nubes y los vientos el suyo... Pero lo que estaba a punto de sucederme iba a cambiar mi manera de ver el mundo, la humanidad y la vida para siempre.

 

 

 

Aquella mañana mis pasos errantes me condujeron hasta una pequeña villa con el nombre de Delberz. Ahí, buscando algo con lo que ocuparme, di con un grupo de cuatro humanos que discutían entorno a un anuncio que acababan de leer. El emperador estaba necesitado de nuevos reclutas para marchar a las montañas grises, y ofrecía un buen salario a cambio. Los interesados debían acudir con presteza a ver al principe en Altdorf.

 

 

 

El propósito me pareció noble y loable, pero me preocupaba que los jóvenes hombres estaban más pendientes de las coronas que iban a cobrar que no del juramento de servir al imperio. Pese que mis simpatías respecto al imperio son limitadas, siempre he pensado que uno debe obrar de acuerdo con los preceptos del bien y la virtud que nos son propias a todos por naturaleza, ya sea uno humano, elfo, o incluso enano. Aunque me cueste admitirlo, la seguridad del imperio es algo que nos concierne a todas las razas civilizadas.

 

 

 

Por ello, viendo que los hombres podrían errar en su camino y ser blanco fácil de los peligros de los caminos y de los vicios de sus propias pasiones, decidí unirme a ellos y tratar de enseñarles a vivir como la madre tierra nos manda, por la recta senda del bien. Así conocí a Eligioff, un hombre brusco pero trabajador y honrado, a Axel, un curioso y docto académico, a Markus, un imponente hombre de armas, y a Fenex, un misterioso pícaro que me inspiró una entrañable simpatía.

 

 

 

Nuestra primera (y, por suerte, única) noche en Delberz es digna de recordar. Conociéndonos todos en la taberna local, descubrimos que cada uno de nosotros tenía diferentes dotes artísticas: Eligioff era un buen cantante, Markus dominaba el baile y yo recordaba unas pocas lecciones de música, cuando acostumbraba a tocar hace unas cinco o seis décadas.

 

 

 

Creímos que sería un buen comienzo para ganarnos algo de dinero para nuestro viaje entretener a los clientes de la taberna con una actuación. Pero antes de que fuese capaz de empezar a tocar nada, un chillido discordante me atravesó el tímpano. Me puse en guardia, pues por un instante creí que estábamos siendo atacados por sorpresa. No era otro que nuestro compañero Eligioff, que tal vez por la bebida o por no haberse parado a calentar su voz, "cantó" peor que una bruja en llamas.

 

 

 

Tras ocultar nuestra vergüenza bajo la mesa nos dispusimos a dormir. Al ser cinco los integrantes del grupo y sólo disponer de cuatro camas opté por dormir en el suelo voluntariamente, esperando que esto inspirase la caridad del sacrificio en mis compañeros. Después de todo, como montaraz y vagador de los bosques, había dormido en lugares mucho más incómodos; los tablones de madera eran como hierba para mis huesos.

 

 

 

Paritmos al día siguiente, después de que lograse convencer a los borrachos conductores de que les defenderíamos si se presentaba el peligro. Tan pronto los dos alcohólicos estuvieron dispuestos nos marchamos evitando miradas con toda persona que hubiese contemplado nuestra cacofónica actuación del día anterior. En la diligencia contábamos con la ilustre presencia de Lady Isolda, no tan ilustre en carácter y humor.

 

 

 

Como era de adivinar, las amenazas no tardaron en presentarse. Un hombre bestia y, poco después, un grupo de mutantes se interpusieron en nuestro paso. Pero no supusieron una amenaza seria, repartiéndonos sus cabezas entre Fenex y yo dejando los demás escaparse a su suerte. Más interesante fue lo que hallamos después.

 

 

 

Una intuición guió mi mirada hacia un cadáver cercano al grupo de mutantes. Se hallaba cerca de una caravana que había sido destrozada, y guardaba un sorprendente parecido con nuestro académico Axel. De hecho, eran como dos gotas de agua. En su interior guardaba una acreditación que le reconocía como Kastor Lieberung, heredero de una mansión y una cuantiosa fortuna en Bögenhafen. También se hallaban en él las certificaciones de dos testigos, necesarias para el cobro.

 

 

 

El grupo se alegró enormemente con el hallazgo y rápidamente decidió que Axel suplantaría su identidad para cobrar la herencia. No me cabe duda de que mis apreciados amigos tenían pensadas tareas muy nobles con las que ocuparían su dinero, y de que no pretendían pasarse el día entero en la mansión enterrados bajo el lujo y la molicie. ¿O tal vez estaba siendo demasiado inocente?

 

 

 

Su alegría se desvaneció tan rápido como vimos aparecer una patrulla de la guardia imperial aproximándose a nosotros. Elaboré mentalmente un discurso que, con un poco de suerte, habría convencido a la guardia de que no teníamos nada que ver con la muerte de Kastor. No fue necesario abrir boca; el impulsivo Eligioff desfiguró la cara del difunto de un sonoro mazazo que lo dejó más irreconocible que los mutantes que acabábamos de masacrar.

 

 

 

Abandonamos al desdichado Lieberung como un fallecido más, siendo ahora una sombra lejana e irreconocible de lo que algún día fue, y los guardias al contemplar la matanza ni siquiera le prestaron atención. Si la dama fortuna le hubiese advertido de lo que le iba a ocurrir estoy seguro de que hubiese mandado Bögenhafen a paseo. Esta lección me recordó lo caprichoso que puede ser el destino: Incluso llegar a pasar de noble heredero a fiambre demacrado en un momento.

 

 

 

La guardia imperial, al descubrir que lady Isolda se encontraba entre nosotros, nos escoltó hasta Altdorf. Tras un pequeño descanso en el camino, llegamos sin contratiempos a la ciudad... Pero los problemas nos estaban esperando. Hicimos algo de dinero vendiendo el botín de los mutantes y después nos encaminamos hacia una posada.

 

 

 

Allí, una pareja de nobles borrachos comenzó a insultarnos y a incendiar la cólera de mis amigos. Por si esto fuera poco, cuando Markus, presa de la ira, se dispuso a arrearle un golpe a uno de ellos, un extraño hombre de ropas oscuras le intimidó para que no lo hiciera. Justo después, el tipo hizo lo contrario: Provocarnos para que les atacáramos.

 

 

 

Noté que tanto Markus como Eligioff estaban deseando hacerles una cara nueva, y estoy de acuerdo en que se lo merecían. Pero un incómodo presentimiento me alertaba de que estábamos a punto de meternos en un buen lío. Logré convencer a mis compañeros de que ignorásemos a los nobles, que todavía seguían burlándose de nosotros, y que nos marchásemos de la posada cuanto antes.

 

 

 

De nuevo el sospechoso hombre trató de interponerse para que nos quedáramos, pero le aparté de la puerta y nos fuimos haciendo caso omiso. Me alegro de que obráramos así: Poco después nos enteraríamos de que ambos nobles habían sido asesinados, y si nos hubiéramos involucrado en una pelea con ellos de seguro la ley nos hubiera echado la culpa de su muerte.

 

 

 

A pesar de esto, se nos consideraba sospechosos, y el grupo estaba ansioso por partir hacia Bögenhafen. Axel, nuestro preciado heredero, había sido señalado por varios hombres que nos eran completamente desconocidos mientras que otros le hacían señas y signos que ninguno comprendíamos. La situación era cada vez más tensa, pues durante la noche dos de ellos se dedicaron a perseguirnos hasta que Fedex, espiándolos desde las sombras, observó como caían muertos ante un par de precisos y letales virotes.

 

 

 

Tuvimos suerte de que Markus se encontrara con uno de los amigos de su infancia, que había tenido éxito en la ciudad con el negocio del transporte marítimo. De no ser por él, dudo que hubiésemos encontrado plaza en ninguna de las otras naves. Ya no había vuelta atrás: Nuestro posible contrato con el principe ya había expirado, junto con mis sueños de conocer y explorar las montañas grises.

 

 

 

La autoridad de Altdorf nos pisaba los talones, buscando al responsable del asesinato de los nobles y Axel se sentía cada vez más amenazado debido a los recientes sucesos. Por todo ello huimos río abajo hacia Bögenhafen, acompañados por el amigo de Markus, desconocedores de qué clase de fortuna era la que nos aguardaba allí.

 

 

Vivida y contada por Aenvar

 

 

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