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Lunes, 24 Noviembre 2014 23:46

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.3 Destacado

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Capítulo 3 – "Los herederos proscritos"

 

 

 

Al llegar el amanecer del día siguiente proseguimos nuestra investigación por todas las vías posibles que se nos ocurrieron. Visitamos todos los templos de la ciudad, preguntamos en los gremios y a todo personaje interesante con el que nos topamos.

 

 

 

Nuestros resultados fueron pobres y nuestra paciencia se agotaba después de rebuscar horas y horas entre los libros de los templos. El pobre Axel, recién recuperado de las heridas mortales del demonio, no daba para más. No suficiente con eso, la gente le observaba con gran desconcierto e incluso un mendigo le detuvo para advertirle de extrañas profecías y predicaciones que creímos sin sentido.

 

 

 

Nuestros bolsillos no se podían permitir gastar más oro en alquilar librerías particulares así que no nos quedó más remedio que seguir nuestra búsqueda en las calles. Terminamos por conocer a uno de los magnates más importantes de Bögenhafen, el señor Franz Steinhäger, dueño de una de las casas mercantes más ricas de todo el lugar, gracias a un pañuelo suyo que hallamos en nuestro desventurado paseo por las cloacas.

 

 

 

Como ya no sabíamos ni por donde buscar, Eligioff cerró un contrato de trabajo con Steinhäger. Claro es que nuestra intención no era la de cargar cajas sino investigar cualquier indicio sospechoso que nos permitiera recopilar cuantas más pistas mejor. Mientras que nosotros estábamos más perdidos que un hijo de enana el día de la madre, la luna del caos Morrislév se acercaba cada vez más a nosotros y ello era un claro indicio de que algo nefasto estaba a punto de ocurrir.

 

 

 

Fue casi por serendipia cuando caímos en la cuenta de que no sólo los Steinhäger podrían estar involucrados en esta trama maquiavélica. De las tres casas de mercaderes restantes, dos nos llamaron especialmente la atención: Los Teugen y los Ruggbroder. Nuestras sospechas se confirmaron cuando el líder de los Teugen, Johannes, nos recibió completamente a oscuras y presentando un aspecto de lo más aterrador.

 

 

 

Animados por este hallazgo acompañé de vuelta a Axel a las bibliotecas mientras el resto continuaba con la búsqueda por su cuenta. Para cuando nos reunimos ya habíamos bastante en claro, aunque todavía había muchas cosas que se nos escapaban y otras tantas que por siempre nos serían desconocidas.

 

 

 

La familia de los Teugen antaño había sido liderada por Karl, aunque con menos suerte en las finanzas que ahora. Casualmente, la llegada de Johannes y su ayudante Gideon coincidieron con la muerte de Karl y el aumento del status económico de la casa. Además, Johannes Teugen y Franz Steinhäger mantenían una estrecha amistad, lo que nos hacía sospechar más aún.

 

 

 

Por su lado, los adinerados Ruggbroder nos ofrecieron un aspecto mucho más sano que los otros dos, aunque personalmente yo no llegué a conocerles... A diferencia de los listos de Eligioff y Markus, que cada vez tenían los bolsillos más pesados y evitaban a toda costa explicarnos el por qué.

 

 

 

Los últimos coletazos de nuestra investigación acabaron en la fosa séptica de los Steinhäger, cuando cumplíamos con el contrato de trabajo que habíamos pactado con Franz. Como ya estábamos de pocilga hasta arriba, Fenex y yo acudimos juntos a "La fosa", el barrio pobre de la ciudad, un lugar que detestaba pero que había tenido la corazonada de visitar desde el primer momento.

 

 

 

Me hubiese perdido ahí de no ser porque Fenex conocía bien el lenguaje de la chusma y la calaña de ese tipo. Mi objetivo era encontrar al mendigo que había detenido a Axel al principio de nuestra jornada, cosa que él consiguió averiguar en un momento.

 

 

 

Acudimos raudos al lugar, pero nadie nos contestó. Observé bien la "casa", si es que así podía llamarse, y no vi nada excepto un bulto tirado en el suelo. Temiendo lo peor, hicimos uso de la fuerza para tirar la puerta abajo y entramos en aquél condenado hogar de pulgas, cucarachas y demás insectos.

 

 

 

Lo único que quedaba del mendigo era un cadáver con un medallón de la casa Teugen, perteneciente a un tal Wolfgan. Rápidamente lo relacioné con que no era el primero de los Teugen en morir: Karl ya había sufrido la misma suerte y ello sólo podía deberse a un motivo: Johannes.

 

 

 

Satisfechos con esto dimos por acabada nuestra búsqueda, por lo menos por aquel día. A la mañana siguiente teníamos la intención de zanjar el misterio definitivamente, ya que Morrislév no parecía estar dispuesta a esperar más, ahora mostrando un diabólica sonrisa de oreja a oreja.

 

 

 

Pero esa mañana fueron las pistas quienes vinieron a nosotros. El Consejero del gremio de mercaderes Magirius, que ya nos encontramos el día anterior y que se negó a cooperar con nosotros, ahora acudía a pedirnos nuestra ayuda. Un oscuro ritual se iba a organizar esa noche y cuando se enteró de que involucraba el sacrificio de una vírgen creyó que las cosas habían llegado demasiado lejos.

 

 

 

Esa información nos llevaba directo a donde queríamos, siempre y cuando Magirius fuera capaz de averiguar el lugar donde pensaban realizar el ritual. Pero ninguno de nosotros tenía la esperanza de que el hombre fuera a vivir tanto tiempo. Y en efecto, cuando fuímos a verle no encontramos más que su cadáver y para colmo su mayordomo pretendía echarnos la culpa a nosotros.

 

 

 

Huímos a toda prisa mientras el desgraciado mayordomo se hacía pasar por todos nosotros, paseándose y cometiendo delitos por toda la ciudad. En realidad se trataba de Gideon haciendo uso de su magia de ilusión para quitarnos de enmedio. Pero la amabilidad de los Ruggbroder nos salvó. Nos refugiamos y nos equipamos en su casa, y cuando recuperamos el aliento volvimos a la casa de Magirius.

 

 

 

Una vez más Fenex se jugó el tipo haciendo uso de sus habilidades de sigilo. Temíamos que su suerte le abandonara pero no nos quedaba tiempo. El heroico Magirius nos dejó una valiosa indicación con lo único que tenía a mano: su sangre. Con ella, perfiló las letras "A L M C N 13" en su mesa.

 

 

 

Dudábamos de si el trece era un trece o un diecisiete, pero eso nos importó bien poco. Nada más llegamos al número trece dimos con el trece encontramos los símbolos del ritual y todos los demás preparativos listos. Acabamos con los dos únicos guardias que pudieron habernos descubierto y luego todos los miembros del grupo nos miramos. Enseguida supimos lo que teníamos que hacer.

 

 

 

La sutileza nunca había sido nuestro fuerte. En vez de descolocar algún símbolo o desbaratar el ritual... ¡Optamos por quemar la casa entera! Al estar hecha de madera, la tentación era tan grande que no pudimos resistir. Como colofón, lo hicimos a escondidas y cuando todos los miembros del Ordo Septenarius, supuesta organización benéfica y partícipe del ritual, estaban presentes. Todos... Menos la vírgen.

 

 

 

Gideon surgió de entre las llamas, furioso e iracundo, pero nuestras flechas ya le estaban esperando. Por un momento sentí lástima de él, concretamente cuando le dejamos la cabeza como un colador. Axel le propinó el disparo de gracia en el brazo derecho y Markus terminó de rematarlo mientras los gritos de desesperación de los ritualistas se ahogaban en el fuego.

 

 

 

La amenaza había sido neutralizada aunque por desgracia destruímos todas las pruebas que concerínan el ritual y la reputación de nuestros nombres ya se había manchado irreparablemente. Sin tener tiempo para despedirnos de nadie corrimos hacia la barca de Josef.

 

 

 

Creo que esa fue la única vez que no le vi borracho. Todos estábamos pálidos como fantasmas, pero por otro lado aliviados al contemplar que Morrislév ya había borrado su sonrisa y se estaba alejando de nosotros. Nuestro futuro era más incierto que nunca, pero a la vez que se nos cerraba una puerta siempre se nos abría otra.

 

 

 

Suspiré y me acomodé de nuevo entre los humanos a los que había acompañado en esta locura. Los hombres nunca me habían llegado a aceptar del todo pero de algún modo nuestra amistad ya se había hecho inquebrantable. Si tuviese que volver atrás no cambiaría nada de lo que hicimos. Pero mi mente no estaba pensando en el pasado en esos momentos. Estaba fija en un futuro mucho más prometedor.

 

 

 

¿Quién sabe a dónde iriamos a parar ahora? La suerte nos había demostrado ser caprichosa y quizás, después de habernos tratado tan mal durante tantos días, nos tenía reservada una mansión especial a la vuelta de la esquina...

 

 

 

Gracias a todos los que hicieron posible una partida tan emocionante y divertida, especialmente al único que no sale nombrado en esta historia y que más trabajo hizo de todos, Carles.

 

Aenvar.

 

 

 

 

Vivida y contada por Aenvar

Visto 1516 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Julio 2015 16:39
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