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Lunes, 24 Noviembre 2014 23:45

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.2 Destacado

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Capítulo 2 – "El día de los cazadores"

 

 

 

El viaje en balsa transcurría con una amable y apreciada tranquilidad. Todavía faltaba un buen trecho hasta llegar a Bögenhafen y antes debiamos hacer una parada en Weissbruck. Desconocía el lugar, pero por lo que me contaron no parecía ser nada del otro mundo. Otro pueblucho más que no alcanzaba los tres millares de habitantes, con sus posadas y sus habituales broncas nocturnas.

 

 

 

Pero otra vez volvía a estar equivocado. Nada más llegamos divisamos a un corpulento hombre que ya creíamos haber visto anteriormente. Lo que más nos llamó la atención fue la ballesta que portaba a sus espaldas. Rápidamente recordamos a las víctimas de los virotes que Fenex presenció en primera persona y no tardamos en atar cabos. Por lo que nos reunimos y trazamos un plan para darle caza, antes que él nos cazara a nosotros.

 

 

 

Nuestra estrategia involucró supuso al grupo en dos. Markus, Axel y Eligioff irían delante mientras que Fenex y yo vigilaríamos la retaguarida, escondidos en las sombras. Estábamos seguros de que aquel misterioso personaje estaría esperando la oportunidad perfecta para saltarnos encima; oportunidad que nosotros le presentaríamos disfrazada bajo una emboscada que no se esperaría nunca.

 

 

 

El plan era tan meticuloso que incluso Axel nos había dibujado los caminos y los callejones como si él mismo los hubiera creado. Todo era perfecto. Pero lamentablemente, nunca llegó a ejecutarse. Nuestros tres compañeros se pasearon por toda la ciudad y visitaron cada una de sus tabernas, mientras nosotros quedamos con nuestros arcos tensados esperando a una señal que jamás llegamos a recibir.

 

 

 

Decepcionados, dimos media vuelta y volvimos hacia la balsa de Josef, el amigo de Markus, que se encontraba más borracho que todo nuestro grupo junto. Pasamos allí la noche, sin ganas de gastar más dinero en Weissbruck. Pronto descubririamos que nuestro acechador, cuyo nombre era Adolfus, se nos había vuelto a adelantar.

 

 

 

Seguramente aprovechando la borrachera de Josef se infiltró en nuestra nave acompañado por dos de sus secuaces. Para cuando los descubrimos, nuestro grupo se encontraba esparcido y vulnerable. Nos sorprendieron y por un momento creí que todo estaba perdido. Pero no nos íbamos a dejar ganar tan fácilmente. Markus hizo gala de una heroica resistencia, que Eligioff y Axel aprovecharon para contratacar a la vez que Fenex y yo utilizábamos nuestras armas a distancia para abatir a lo que quedaba de la amenaza.

 

 

 

El incidente nos reveló numerosos detalles que hasta el momento no conocíamos, pero que más de uno nos esperábamos. Adolfus había sido contratado para acabar con la vida de Kastor Lieberung, a quien Axel estaba suplantando la identidad y el rango de "Magister Impedimentae" dentro de una organización secreta de la que no sabíamos nada. Las únicas pistas de las que disponíamos eran las iniciales "SS" y "QF", que hasta ahora también nos eran completamente desconocidas.

 

 

 

Sin detenernos a proporcionarles un entierro digno a los asesinos arrojamos sus cadáveres por la borda, no sin antes "hacerles una cara nueva" como hicimos con el señor Kastor, una marca que ya parecía haber adoptado nuestra compañía como tradición. Esto me preocupó: Si alguien deseaba seguirnos la pista lo único que tenía que hacer era seguir el rastro de muertos con el rostro desfigurado. Pero por otro lado, confié en que tal muestra de brutalidad intimidaría a cualquier insensato que osara interponerse en nuestro camino.

 

 

 

Pasado ya el mal trago, continuamos nuestro viaje y por fin arribamos a Bögenhafen. El grupo buscó ansioso la notaría a donde debíamos acudir a recibir la tan esperada herencia, en la calle "Garten Weg". Lo que más nos extrañaba era que por más que preguntábamos a los ciudadanos, nadie sabía la localización de la calle. Sólo se ocupaban de las festividades que estaban teniendo lugar.

 

 

 

Preguntamos por todas partes, hasta que por fin dimos con la imprenta "Schultz y Friedman", desde donde supuestamente se había emitido el justificante de la herencia. Pero para nuestra sorpresa, todo había sido un fraude. No había mansión, ni oro, ni ninguna de las promesas que se nos habían hecho.

 

 

 

Habíamos caído en una trampa que se había tejido para cazar a un noble, pero en su lugar caímos nosotros, que nada teníamos que ver con su asunto. ¡Bien empleado nos estaba, y más nos merecíamos como castigo por nuestras mentiras y nuestra codicia! Pero ya que habíamos llegado hasta aquí, pretendíamos llegar hasta el fondo del asunto, ya fuese por redimir nuestras malas acciones o por resignarnos a creer que, en efecto, nos habíamos quedado sin una corona de oro.

 

 

 

Preguntamos a la gente de la calle e incluso en los templos, intentando reunir algo de información que nos pudiera proporcionar alguna pista en nuestra búsqueda, pero no hallamos nada de interés. Así que acabamos paseándonos por las festividades, donde dimos con una mercader que nos ofreció una gran variedad de hierbas con propiedades curativas.

 

 

 

Adquirimos todas la que pudimos y proseguimos nuestra visita. Topamos con un grupo de miserables que subastaban a un pobre cordero, tan delgado que parecía no haber comido en días. Nadie hubiera dado una corona por él, de no ser por la hábil intervención de uno de ellos, quien apuntó escandalizado hacia mi axila como si un agujero dimensional se estuviera formando bajo ella. Levanté mi brazo para verificar de qué se trataba, lo que el subastador interpretó como una puja por mi parte, ganándome al cordero sin competencia alguna.

 

 

 

Primero pensé en el ridículo que había hecho, pero rápidamente me encontré a gusto con el cordero a quien adopté como mascota bajo el nombre de "Mac", y que desde entonces nos siguió a todas partes proporcionándonos una curiosa pero siempre amable compañía, pese a las incontenibles risas del resto del grupo.

 

 

 

Caminamos hasta dar con un desagradable circo donde exponían monstruos de toda clase, encerrados para el entretenimiento del público. El más espeluznante de todos, un goblin de tres patas, era el que más atención atraía. Cuando nadie se lo esperaba, el muy hábil intentó escabullirse, pero lo atrapamos y lo entregamos al feriante. No sabría decir quien de los dos me repugnaba más.

 

 

 

El hombre nos lo agradecidó entregándonos un pase especial gratuito para su actuación, y lo aceptamos con la mera intención de averiguar algo que nos diera más pistas sobre la organización secreta a la que Axel supuestamente pertenecía. El espectáculo era horrendo y en principio no encontramos nada que pudiera sernos de utilidad, pero guiados por el destino una cosa terminó por llevarnos a la otra.

 

 

 

El goblin volvió a darse a la fuga y esta vez consiguió escabullirse al interior de las cloacas. El desesperado hombre había perdido su principal atracción, y el propio juez de la ciudad, llamado Richter, tampoco estaba interesado en tener un monstruo mutante deambulando por el alcantarillado de su jurisdicción.

 

 

 

Así fue como, tras firmar un jugoso contrato de recompensa, comenzó una asquerosa pero emocionante aventura en las cloacas de la ciudad. Mi cordero Mac fue llevado a la taberna por el juez y descendimos la cuerda que nos llevaba al subsuelo.

 

 

 

Aprovechando mi experiencia como montaraz encabecé la marcha del grupo, tratando de descubrir la dirección que había tomado el goblín basándome en un reciente rastro de sangre verde. Avistamos unos extraños hongos que todos prefirimos evitar, pues su apariencia nos resultaba bastante intimidante. Pero el verdadero peligro todavía estaba por llegar.

 

 

 

Un pulpo monstruoso dotado de enormes tentáculos se ocultaba bajo el agua, y después de devorar a una desdichada rata decidió que nosotros eramos su próximo plato. Clavé una flecha tras otra en la bestia hasta que perdí la cuenta, mientras ella se dedicaba a constreñir al pobre Markus, que había sido hecho presa junto con Eligioff.

 

 

 

Todos los demás nos dedicamos a presionar sin descanso hasta que por fin conseguimos acabar con su vida. Ese condenado Richter no nos había avisado de esto, por lo que le cortamos uno de los tentáculos para llevarlo como prueba de vuelta a la superficie. Como era difícil distinguir la cara del monstruo, ninguno le propinó el mazazo de gracia. Tampoco es que nos apeteciera de sobremanera aproximarnos a sus fauces. En estos casos es mejor no tentar a la suerte.

 

 

 

Seguí tanteando el rastro del goblin, cada vez menos esperanzado, hasta que chocamos con una puerta cerrada. La puerta presentaba una resistencia extraordinaria para hallarse en un lugar como este. Además, desde el otro lado podíamos prever humo y una extraña presencia en su interior. Así que entramos en ella inquisitivamente, pese a no tener ni llave ni invitación, gracias a que Axel hizo gala por primera vez de sus aptitudes mágicas.

 

 

 

Habíamos caído nada más ni nada menos que en la morada de un demonio, adornada con símbolos que parecían corresponderse con los de un maléfico ritual. El ser se materializó ante nosotros y tratamos de interrogarlo por las buenas, conteniendo nuestro miedo y nuestras ganas de salir de ahí gritando auxilio.

 

 

 

Negándose a responder a nuestras preguntas, atacó furiosamente a Axel, que fue cogido por sorpesa y recibió el impacto de lleno. Ninguno de nosotros se explica como pudo sobrevivir a ese golpe que lo impulsó con tanta fuerza que le hizo chocar con la pared de la habitación. Pero lo cierto es que todavía vivía, eso sí, inconsciente e incapaz de articular palabra.

 

 

 

Esto incineró la ira del resto del grupo, especialmente la de Markus quien hasta ahora se había mantenido al margen del combate debido a las heridas recibidas contra el anterior monstruo. Se abalanzó sobre el demonio y acertó un par de mazazos críticos que cambiaron el curso de la batalla. Sumados a nuestra lluvia de flechas y al ataque del resto de miembros del grupo, el demonio fue derrotado.

 

 

 

Quisimos dejarle al demonio la marca de nuestra compañía, pero el condenado se desvaneció en una nube de polvo antes de recibir el tradicional mazazo de Eligioff. Por hoy ya había sido suficiente. Despojamos todos los objetos de valor que contenía la sala, excepto un cofre que se nos resistió a todos y que incluso rompió nuestra venerada maza sangrienta, como si estuviera burlándose de nosotros.

 

 

 

Pero no le dimos importancia a este hecho, nuestras fuerzas flaqueaban y Axel necesitaba asistencia médica de inmediato. Volvimos a la superficie, ya caída la noche. El juzgado estaba cerrado y no teníamos más que hacer una vez dejamos a Axel en buenas manos. Así que volvimos de nuevo con nuestro viejo camarada Josef, que se encontraba borracho como de costumbre.

 

 

 

La bebida nos hubiera venido bien para olvidar todo lo ocurrido, pero el mejor remedio fue el empujón que Markus proporcionó a Josef, que también arrastró a Eligioff y que terminó zambullendo a ambos en el mar. Fenex y yo les rescatamos con nuestras últimas fuerzas y, sonriendo por la graciosa ocurrencia de Markus, nos fuimos a dormir dejando para el siguiente día la persecución del "Magister Impedimentae" y su diabólico culto secreto.

 

 

Vivida y contada por Aenvar

 

 

 

 

Visto 1859 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Julio 2015 16:39
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