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Lunes, 24 Noviembre 2014 23:43

La compañía de la Maza Sangrienta Cap.1 Destacado

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Capítulo 1 – "La Marcha"

 

 

 

En un principio, todo parecía ser otro día más en mi larga y monótona vida. Todo transcurría con normalidad, el sol seguía su curso, las nubes y los vientos el suyo... Pero lo que estaba a punto de sucederme iba a cambiar mi manera de ver el mundo, la humanidad y la vida para siempre.

 

 

 

Aquella mañana mis pasos errantes me condujeron hasta una pequeña villa con el nombre de Delberz. Ahí, buscando algo con lo que ocuparme, di con un grupo de cuatro humanos que discutían entorno a un anuncio que acababan de leer. El emperador estaba necesitado de nuevos reclutas para marchar a las montañas grises, y ofrecía un buen salario a cambio. Los interesados debían acudir con presteza a ver al principe en Altdorf.

 

 

 

El propósito me pareció noble y loable, pero me preocupaba que los jóvenes hombres estaban más pendientes de las coronas que iban a cobrar que no del juramento de servir al imperio. Pese que mis simpatías respecto al imperio son limitadas, siempre he pensado que uno debe obrar de acuerdo con los preceptos del bien y la virtud que nos son propias a todos por naturaleza, ya sea uno humano, elfo, o incluso enano. Aunque me cueste admitirlo, la seguridad del imperio es algo que nos concierne a todas las razas civilizadas.

 

 

 

Por ello, viendo que los hombres podrían errar en su camino y ser blanco fácil de los peligros de los caminos y de los vicios de sus propias pasiones, decidí unirme a ellos y tratar de enseñarles a vivir como la madre tierra nos manda, por la recta senda del bien. Así conocí a Eligioff, un hombre brusco pero trabajador y honrado, a Axel, un curioso y docto académico, a Markus, un imponente hombre de armas, y a Fenex, un misterioso pícaro que me inspiró una entrañable simpatía.

 

 

 

Nuestra primera (y, por suerte, única) noche en Delberz es digna de recordar. Conociéndonos todos en la taberna local, descubrimos que cada uno de nosotros tenía diferentes dotes artísticas: Eligioff era un buen cantante, Markus dominaba el baile y yo recordaba unas pocas lecciones de música, cuando acostumbraba a tocar hace unas cinco o seis décadas.

 

 

 

Creímos que sería un buen comienzo para ganarnos algo de dinero para nuestro viaje entretener a los clientes de la taberna con una actuación. Pero antes de que fuese capaz de empezar a tocar nada, un chillido discordante me atravesó el tímpano. Me puse en guardia, pues por un instante creí que estábamos siendo atacados por sorpresa. No era otro que nuestro compañero Eligioff, que tal vez por la bebida o por no haberse parado a calentar su voz, "cantó" peor que una bruja en llamas.

 

 

 

Tras ocultar nuestra vergüenza bajo la mesa nos dispusimos a dormir. Al ser cinco los integrantes del grupo y sólo disponer de cuatro camas opté por dormir en el suelo voluntariamente, esperando que esto inspirase la caridad del sacrificio en mis compañeros. Después de todo, como montaraz y vagador de los bosques, había dormido en lugares mucho más incómodos; los tablones de madera eran como hierba para mis huesos.

 

 

 

Paritmos al día siguiente, después de que lograse convencer a los borrachos conductores de que les defenderíamos si se presentaba el peligro. Tan pronto los dos alcohólicos estuvieron dispuestos nos marchamos evitando miradas con toda persona que hubiese contemplado nuestra cacofónica actuación del día anterior. En la diligencia contábamos con la ilustre presencia de Lady Isolda, no tan ilustre en carácter y humor.

 

 

 

Como era de adivinar, las amenazas no tardaron en presentarse. Un hombre bestia y, poco después, un grupo de mutantes se interpusieron en nuestro paso. Pero no supusieron una amenaza seria, repartiéndonos sus cabezas entre Fenex y yo dejando los demás escaparse a su suerte. Más interesante fue lo que hallamos después.

 

 

 

Una intuición guió mi mirada hacia un cadáver cercano al grupo de mutantes. Se hallaba cerca de una caravana que había sido destrozada, y guardaba un sorprendente parecido con nuestro académico Axel. De hecho, eran como dos gotas de agua. En su interior guardaba una acreditación que le reconocía como Kastor Lieberung, heredero de una mansión y una cuantiosa fortuna en Bögenhafen. También se hallaban en él las certificaciones de dos testigos, necesarias para el cobro.

 

 

 

El grupo se alegró enormemente con el hallazgo y rápidamente decidió que Axel suplantaría su identidad para cobrar la herencia. No me cabe duda de que mis apreciados amigos tenían pensadas tareas muy nobles con las que ocuparían su dinero, y de que no pretendían pasarse el día entero en la mansión enterrados bajo el lujo y la molicie. ¿O tal vez estaba siendo demasiado inocente?

 

 

 

Su alegría se desvaneció tan rápido como vimos aparecer una patrulla de la guardia imperial aproximándose a nosotros. Elaboré mentalmente un discurso que, con un poco de suerte, habría convencido a la guardia de que no teníamos nada que ver con la muerte de Kastor. No fue necesario abrir boca; el impulsivo Eligioff desfiguró la cara del difunto de un sonoro mazazo que lo dejó más irreconocible que los mutantes que acabábamos de masacrar.

 

 

 

Abandonamos al desdichado Lieberung como un fallecido más, siendo ahora una sombra lejana e irreconocible de lo que algún día fue, y los guardias al contemplar la matanza ni siquiera le prestaron atención. Si la dama fortuna le hubiese advertido de lo que le iba a ocurrir estoy seguro de que hubiese mandado Bögenhafen a paseo. Esta lección me recordó lo caprichoso que puede ser el destino: Incluso llegar a pasar de noble heredero a fiambre demacrado en un momento.

 

 

 

La guardia imperial, al descubrir que lady Isolda se encontraba entre nosotros, nos escoltó hasta Altdorf. Tras un pequeño descanso en el camino, llegamos sin contratiempos a la ciudad... Pero los problemas nos estaban esperando. Hicimos algo de dinero vendiendo el botín de los mutantes y después nos encaminamos hacia una posada.

 

 

 

Allí, una pareja de nobles borrachos comenzó a insultarnos y a incendiar la cólera de mis amigos. Por si esto fuera poco, cuando Markus, presa de la ira, se dispuso a arrearle un golpe a uno de ellos, un extraño hombre de ropas oscuras le intimidó para que no lo hiciera. Justo después, el tipo hizo lo contrario: Provocarnos para que les atacáramos.

 

 

 

Noté que tanto Markus como Eligioff estaban deseando hacerles una cara nueva, y estoy de acuerdo en que se lo merecían. Pero un incómodo presentimiento me alertaba de que estábamos a punto de meternos en un buen lío. Logré convencer a mis compañeros de que ignorásemos a los nobles, que todavía seguían burlándose de nosotros, y que nos marchásemos de la posada cuanto antes.

 

 

 

De nuevo el sospechoso hombre trató de interponerse para que nos quedáramos, pero le aparté de la puerta y nos fuimos haciendo caso omiso. Me alegro de que obráramos así: Poco después nos enteraríamos de que ambos nobles habían sido asesinados, y si nos hubiéramos involucrado en una pelea con ellos de seguro la ley nos hubiera echado la culpa de su muerte.

 

 

 

A pesar de esto, se nos consideraba sospechosos, y el grupo estaba ansioso por partir hacia Bögenhafen. Axel, nuestro preciado heredero, había sido señalado por varios hombres que nos eran completamente desconocidos mientras que otros le hacían señas y signos que ninguno comprendíamos. La situación era cada vez más tensa, pues durante la noche dos de ellos se dedicaron a perseguirnos hasta que Fedex, espiándolos desde las sombras, observó como caían muertos ante un par de precisos y letales virotes.

 

 

 

Tuvimos suerte de que Markus se encontrara con uno de los amigos de su infancia, que había tenido éxito en la ciudad con el negocio del transporte marítimo. De no ser por él, dudo que hubiésemos encontrado plaza en ninguna de las otras naves. Ya no había vuelta atrás: Nuestro posible contrato con el principe ya había expirado, junto con mis sueños de conocer y explorar las montañas grises.

 

 

 

La autoridad de Altdorf nos pisaba los talones, buscando al responsable del asesinato de los nobles y Axel se sentía cada vez más amenazado debido a los recientes sucesos. Por todo ello huimos río abajo hacia Bögenhafen, acompañados por el amigo de Markus, desconocedores de qué clase de fortuna era la que nos aguardaba allí.

 

 

Vivida y contada por Aenvar

 

 

Visto 1382 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Julio 2015 16:38
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